jueves, 23 de febrero de 2012

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SINOPSIS: Arthur Kipps es un joven abogado viudo, con un hijo. En el despacho recibe el encargo de ocuparse de un testamento y herencia. Para ello debe trasladarse a un lejano pueblo de la costa y a una misteriosa mansión.

La productora Hammer fue, en otro tiempo, origen de interesantes películas de terror, versiones muy solventes de Frankenstein (1957), Drácula (1958), La momia (1959) y otras muchas que, sin pertenecer a sagas, marcaban tendencias y sorprendían por sus efectos especiales.
Hace tiempo que la época dorada se fue. Ahora parecen dispuestos a recuperar algo de aquel antiguo esplendor esmerándose en la producción de terror de calidad. La mujer de negro es un intento de renovar la gloria de antaño y, si bien no podemos elogiar su originalidad argumental, se nota una cierta marca propia de la casa que le otorga un estilo personal.
Hablamos de una película ambientada a comienzos del siglo XX y realizada por un equipo de producción inglés. Y ya se sabe que a los ingleses lo de la niebla, los caserones antiguos, los coches de época y los trenes de vapor, se les da de miedo. La puesta en escena es impecable, como siempre que en las tierras de Albión se introducen en esta clase de cine.
La mujer de negro no es sólo un trabajo apetecible para una productora. Lo es también para una persona: Daniel Radcliffe que, tras Harry Potter debe encontrar un futuro que no le encasille. La película tiene lo que Radcliffe necesita. Le convierte en un padre viudo, en un abogado urbanita, en un hombre traumatizado por la muerte de su esposa al dar a luz. Pero, al mismo tiempo que le saca del universo de Harry Potter, mantiene algunos guiños evidentes y con un fuerte encanto.
Decíamos que el argumento no es muy original. Ciertamente es un guión de manual: casa maldita, espíritu de señora vengativa, forastero con trauma reciente que llega sin enterarse de lo que pasa. La deriva es muy previsible. Sin embargo, además de la puesta en escena, la película arriesga en la concepción de buena parte del metraje. Véase esa larguísima secuencia en la que no se pronuncia ni una sola palabra (la versión española nos traduce en off los textos escritos) y en la que nos limitamos a contemplar la angustia de Kipps en la mansión, yendo y viniendo de habitación en habitación.
Ese largo silencio y la habilidad para llenar de contenido y sustos todo ese tramo de película, crean una atmósfera de tensión muy conseguida. Allí donde la mayor parte de películas de terror no saben qué hacer con un personaje en un pasillo, La dama de negro sabe que la demora puede ser contraproducente. Las reacciones de Kipps ante el misterio son lógicas y naturales. Un estado inicial de decisión, miedo, la confirmación de que el espíritu es real, pánico que le obliga al retroceso, nuevo empeño por hacer frente a lo desconocido ya que no tiene otra salida...
La secuencia final tiene mucho de encanto lírico, de arco argumental cerrado. Previsible, es cierto. Pero, al mismo tiempo, un guiño excepcional a secuencia de Harry Potter y las reliquias de la muerte (2ª parte), en el limbo del andén 9 y 3/4. La otra cara de la niebla. Pero en absoluto nihilista. Al contrario, un final lleno de esperanza en el que cabe la posibilidad de que, al fin y al cabo, todo esté bien.
  • Lo mejor: El tramo mudo de la mansión.
  • Lo peor: Es previsible en su guión.

  • roberto joaquin pantuso

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