viernes, 13 de diciembre de 2013

La oscuridad contraataca


El Hobbit: La Desolación de Smaug    





Luego de las pataletas iniciales tras enterarnos que Jackson iba a hacer una trilogía en base a un libro de apenas trecientas hojas, todos tuvimos que cerrar al ass cuando vimos El Hobbit: Un Viaje Inesperado. Como suele suceder con la saga del Anillo, un año después esta la secuela. Olvídense de las canciones y los enanos cantando, el Enemigo volvió.

Pasaron cuatro meses después de los eventos ocurridos en Un Viaje Inesperado. Bilbo y la compañía de enanos comandados por Thorin se encuentra ya a muy corta distancia de Eraborn. Pero el peligro no termino, aún están siendo cazados por Azog, los elfos del Reino del Bosque no están contentos con la presencia de los enanos, y el Enemigo se está reagrupando en la oscuridad.

Si leyeron bien, habrán notado que use varias veces la palabra “oscuridad”. Y es que eso podría definir el tono de este film. TODO está plagado de un aire pesimista y de derrota. Estamos ante la película más tétrica y espesa de los cinco films sobre la Tierra Media.

Una de las cosas que establece esto es el desarrollo de los personajes. Principalmente Bilbo y Gandalf. Bilbo ya empieza a cambiar, el uso y carga del Anillo comienza a afectarle en su personalidad y eso queda constantemente plasmado. Gandalf en cambio ya se desentiende de la misión de los enanos, sabe que algo está pasando mientras todos vivían cegados.

Esto trae una gran mejora en lo que se refiere al film anterior. Gandalf ya no está ahí para salvar las papas constantemente. Atrás quedo ese molesto deu ex machina (cuando un personaje externo aparece “mágicamente” para salvar al resto). Ahora Bilbo y los enanos deben valerse por sí mismos si quieren completar la misión con vida.

Los enanos también mejoraron con respecto a la anterior entrega. Ahora todos tienen sus minutos de fama, todos se hacen más reconocibles, ya no estamos ante un “Thorin y los demás”. De hecho la mejor secuencia del film lo tiene a Bombur como protagonista.

A esto hay que agregarle la aparición de Legolas (que en el libro no aparece) y el personaje inventado llamado Tauriel. Yo era de los que desconfiaba y le parecía bastante forzada la introducción de estos dos personajes, pero nuevamente Jackson cerró todos los ass. Primero porque la actitud de Legolas es muy distinta a la que habíamos visto en El Señor de los Anillos; acá lejos está de disparar flechas mientras se peina, ahora lo vemos como un bad ass mutherfucker que el solo puede limpiarse un grupo de orcos a base de espadazos. Mientras que Tauriel sería su contraparte femenina, brillantemente interpretada por Evangeline Lilly, quien con esta peli se ganó el corazón de todos los nerds.

Pero quien de verdad se roba todas las miradas, es el tan esperado Smaug. Si Gollum nos dejó con el culo torcido en Las Dos Torres, Smaug logra el mismo efecto en La Desolación de Smaug. El diseño del personaje es PERFECTO, si no es el mejor dragón que se vio en el cine, pega en el palo. 
Mastodonicamente enorme, con cara de maldad encarnada en un animal, los detalles de la mirada, las garras y la boca están trabajadas a un nivel que roza la excelencia. Mención aparte para cuando lanza fuego, viendo cómo se provoca la explosión ígnea desde sus entrañas.

Acompañado a tan brutal trabajo de diseño de personaje, Benedic Cumberbatch lo vuelve hacer. El inglés hace un trabajo de doblaje, que junto con los trabajos de efectos en la voz, hacen que la vozarrón de Smaug intimide, y la película OBLIGATORIAMENTE deba ser vista en ingles con subtítulos.

Cuesta encontrarle algún fallo al film. Quizás uno de ellos sea la excesiva duración de casi tres horas. Viendo la película, la primera secuencia que sucede en un encuentro entre Gandalf y Thurin, viendo lo floja que es podría haberse sacado y reducir el metraje a veinte minutos menos.

Otra pega, es lo metido con vaselina que esta el personaje de Beorn. El hombre oso se nota que no era importante para Jackson y por eso apenas le dedica unos minutos para contentar a los fans
Irónicamente, en una peli que está plagada de licencias para con el material original, una de las cosas negativas es algo que se intentó mantener en la adaptación.

La Desolación de Smaug no es el preludio a una tercera parte como podría haber pasado. No, es mucho más que eso; es la muestra clara que dentro del mundo de fantasía que es Tierra Media, se puede contar una historia oscurísima y desesperanzadora.

No por nada, empieza a ponerse como mi preferida dentro de los cinco films sobre el Anillo.



Un saludo enfrentándome a una calamidad.



Nota: 10



Jorge Marchisio
Mi face  Yorsh A. Romero
 

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